Los santos del nuevo milenio

unnamed-4Este mes celebramos la memoria de todos los santos, y no puedo evitar recordar con alegría las palabras que mencionó S.S. Juan Pablo II en el discurso de la XV Jornada mundial de la juventud: «Jóvenes de todos los continentes ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz». Reflexionando en sus palabras me doy cuenta que hace el llamado a vivir la santidad desde nuestra juventud, no cuando seamos ya adultos con una vida consolidada, sino desde nuestra propia experiencia en el hoy, en la vida cotidiana. De tal manera que, al vivir en comunidad con mis hermanos seminaristas, me doy cuenta que la santidad se inicia respondiéndole “Sí” al Señor en la vocación a la cual Él nos ha llamado. Y esto no implica que seamos perfectos, que no cometamos errores, significa que desde la propia experiencia de sentirnos amados por Aquel que nos ha llamado, vivamos con alegría la respuesta que hemos dado, día a día, esforzándonos, renunciando a muchas cosas en ocasiones con amor, otras veces con mucho sufrimiento. Y es que en el caminar juntos como hermanos podemos descubrir las virtudes y dones del “otro” (del compañero), y asimilándolos darnos cuenta de nuestros propios dones para entregarlos al servicio de la comunidad y de la Iglesia y conocer de esta manera al realmente “Otro”, al Dios mismo, que nos acompaña día a día y nos ama a pesar de nuestros errores, porque somos sus hijos, su creación más amada. Desde esta experiencia me he podido dar cuenta que la santidad es difícil de alcanzar, sí, pero no imposible. Y que desde nuestra propia respuesta amorosa, y gratuita entrega a la llamada de Dios, podemos experimentar una plenitud en nuestras vidas y comenzar a andar en los caminos de la santidad, a la cual Dios nos llama a todos.  (Seminarista Aldo Camacho).

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